Hacen unos días espectaculares. El sol luce radiante, la temperatura es genial y yo ya me he decidido a calzarme mis patines más a menudo. Me sorprendo pensando que no tengo muy claro cuánto he crecido. Puedo ser caprichosa, ñoña e infantil, y sinceramente, no me avergüenzo. Son características que se denotan como negativas, pero creo que en su justa medida son muy divertidas. Adoro deshacer moras en mi boca, ir a patinar y ver películas de dibujos animados. Si dedicáramos algún instante en esas agobiantes agendas que intentamos cumplir a esas pequeñas cosas que nos logran sacar grandes sonrisas, nos costaría mucho menos nuestro día a día.
Compaginar. Ahí he logrado yo mi equilibrio. Ni todo diversión ni todo obligación. ¡Qué bien suena en el papel! Y qué fácil nos resulta poner excusas para lograrlo. Es que no tengo tiempo, es que tengo que trabajar/estudiar/cuidar de mi familia. Otra cosa no, pero enumeraciones de tareas pendientes y realizadas somos increíblemente buenos realizándolas. Para mi son excusas, excusas y más excusas. ¿O a caso no podemos disfrutar en el trayecto a esa obligación de esa lista de reproducción que tanto nos gusta? ¿ O cuando vamos a comer darnos el lujo alguna vez de tomar ese postre que tan rico saboreamos? El problema no es la falta de tiempo sino la falta de interés en disfrutar.
Al igual que he dicho esa pequeña lista de detalles de mi personalidad más dispersa, he de decir que soy excesivamente responsable con los demás, adoro el orden(porque entre él y el caos en mi vida sólo hay un paso), y me encanta trabajar. Estas características son las que desde mi punto de vista, intentan justificar cuando no cumplimos con las otras.
Últimamente estoy un tanto 'obsesionada' con la teoría de las cosas pequeñas, lo positivo y la filosofía de las sonrisas. Obsesionada o no, creo que he reaprendido a sonreír, a disfrutar de cada momento, a ser feliz como estado genérico, he recuperado las ganas por hacer cosas olvidadas, por intentar algunas nuevas y por mantener las que me llenan. Creo que he añadido a mis quehaceres diarios un toque de lo que era de pequeña, el volver a las cosas poco artificiosas y sumamente gratificantes, y lo que aún me gusta más, me siento capaz de contagiarlo, de repartir sonrisas y ver como poco a poco se devuelven y de aprender que los grandes errores.
Hoy hay florecitas en el campo, vuelan las mariposas y el cielo esta despejado, disfrutémoslo que no sabemos si mañana habrá una gran tormenta, con truenos y rayos, que arrase toda esa felicidad.
La foto de hoy es por primera vez de mi cara entera, pero es que creo que os merecéis un guiño.
